Por: Cristián Araya Molina
Psicólogo Especialista en Psicoprevención
Una de las mejores inversiones para la comunidad la constituyen sin duda la prevención y la seguridad. No obstante ello, en nuestra cultura se encuentra muy arraigado el "síndrome de invulnerabilidad" que se traduce en la frase "a mí no me va a ocurrir". Al igual como existen barreras arquitectónicas que, entre otras cosas, dificultan o impiden el acceso de vehículos de emergencia en casos de siniestro, también existen barreras mentales que obstaculizan, muchas veces, hacer prevención y fomentar la seguridad.
La Psicoprevención es una parte de psicología laboral, que tiene como objetivo cambiar nuestra actitud frente al trabajo y a la vida en general, suscitando enfoques constructivos y corrigiendo conductas peligrosas. Su aplicación práctica frente al tema de seguridad en edificios y condominios, define para la comunidad ciertas pautas que le permitan organizarse para evitar emergencias y accidentes, cambiando sus actitudes frente a riesgos para disminuir su vulnerabilidad. Al mismo tiempo, le posibilita aplicar este modelo para el estudio de estos factores en el hogar.
La Psicoprevención es una parte de psicología laboral, que tiene como objetivo cambiar nuestra actitud frente al trabajo y a la vida en general, suscitando enfoques constructivos y corrigiendo conductas peligrosas. Su aplicación práctica frente al tema de seguridad en edificios y condominios, define para la comunidad ciertas pautas que le permitan organizarse para evitar emergencias y accidentes, cambiando sus actitudes frente a riesgos para disminuir su vulnerabilidad. Al mismo tiempo, le posibilita aplicar este modelo para el estudio de estos factores en el hogar.
La noticia de un incendio que afecta a un edificio, es motivo de preocupación para habitantes y administradores de estos inmuebles sólo por algunos días, y luego es olvidada bajo la idea que tal accidente no puede ocurrir en su departamento o su edificio.
Sin embargo, un estudio acabado de los problemas que se han detectado en muchos edificios, llevan a concluir que el riesgo de incendio en ellos es mucho mayor de lo que se piensa. Tal situación ocurre tanto por la limitada reglamentación al respecto, como por problemas constructivos que generan vulnerabilidades que sólo se harán presentes al suceder el siniestro.
Nuestra normativa, básicamente la Ordenanza General de Urbanismo y Construcciones, fue ajustada tras el incendio de la Torre Santa María en 1981, para incorporar dentro de ella, el concepto de edificio de altura (de siete o más pisos), y para el cual se establecieron diversos requerimientos, incluyendo sistemas de evacuación y combate de incendios. Pero poco se dice de los de menos de siete pisos, cuyas exigencias por tanto son mínimas y su indefensión mayor.
Por otra parte, en unos y otros, es usual encontrar escaleras de emergencia con puertas que no son resistentes al fuego, ductos de servicios (shafts) que recorren la totalidad del edificio y sistemas de detección, alarma y combate de incendios insuficientes o sin el mantenimiento adecuado.
Como un aporte para quienes deben tener a su cargo la solución de estas dificultades, indicaremos algunos de los problemas más habituales que encontramos en los condominios o edificios de altura, basados en la experiencia ganada en la revisión de muchos de ellos.
Problemas frecuentes
Analizados los principales problemas presentes en nuestro medio, comentaremos como ellos influyen en caso de un incendio, para mejor comprender la necesidad de adoptar anticipadamente las medidas preventivas adecuadas.
Frecuentemente los incendios se producen por problemas de tipo eléctrico, ya sea por mal estado de la instalación o sobrecarga de la misma por conexión de mayor cantidad de equipos que el sistema permite. También fósforos y cigarrillos son otro factor importante a considerar.
Niños jugando con fósforos bajo una cama con colchón de espuma es una abierta invitación al desastre si consideramos que la espuma (poliuretano) es un derivado del petróleo y arde con fuego intenso y humos densos y tóxicos. Debemos tener presente que este elemento está también presente en muchos otros elementos del hogar como sillas y sillones.
Los electrodomésticos con carcasa y partes de plástico generan un riesgo adicional al igual que la gran cantidad de cableado eléctrico revestido en PVC, producto altamente tóxico cuyos humos limitan la visión y el sentido de orientación. El incendio que afectara la instalación eléctrica a un supermercado de Providencia, hace un par de años, provocó serios trastornos a las personas sólo por principio de asfixia ya que el fuego propiamente tal, pasó más bien inadvertido.
Como señalábamos anteriormente la carencia o inadecuada ubicación de los sensores de humo puede provocar que cuando la gente salga de su departamento se encuentre con el pasillo lleno de humos y gases tóxicos y que la evacuación no pueda efectuarse. Debido a ello, en legislaciones más avanzadas que la nuestra, el uso de sensores de humo es obligatorio en cada hogar, como ocurre en Dinamarca.
Está claro que el elemento de mayor riesgo en un incendio no es el fuego, sino sus humos y gases tóxicos, que desplazándose a gran velocidad (hasta 3 metros por segundo), invadirán todo el edificio, impidiendo la evacuación de sus ocupantes.
Enseñanzas de acontecimientos recientes
En el caso de la tragedia de las torres gemelas del World Trade Center de Nueva York, en septiembre del año 2001, pasó inadvertido el hecho de que muchos de sus ocupantes lograron salvarse debido a las lecciones aprendidas del atentado que en 1993 las afectara. En esa ocasión, en la primera hora sólo salió el 40% de sus ocupantes, demorando dos horas más en hacerlo el resto. Ello llevó a sus responsables a mejorar considerablemente los sistemas de seguridad, especialmente los procedimientos de evacuación, optimizando la señalización e iluminación de las vías de escape, a la vez que realizando las necesarias prácticas para familiarizar a sus habitantes en ellas. Tal programa preventivo posibilitó que el día del atentado, más del 90% de las personas que ahí se encontraban, lograron escapar en menos de una hora, antes del desplome de los edificios.
En nuestro país no hemos vivido una experiencia así y ojalá no la tengamos nunca, pero debemos prepararnos para enfrentar las emergencias antes que ocurran, diseñando mejor nuestros edificios y su entorno, agregando el equipamiento y condiciones adecuadas, dictando normas eficaces, incorporando a cada condominio o edificio el obligatorio Plan de Emergencia ante Siniestros (P.E.S.) que contenga simples medidas para enfrentar las distintas situaciones de peligro y con las personas capacitadas y entrenadas para actuar en consecuencia. Aún estamos a tiempo de hacerlo. ![]()
Sin embargo, un estudio acabado de los problemas que se han detectado en muchos edificios, llevan a concluir que el riesgo de incendio en ellos es mucho mayor de lo que se piensa. Tal situación ocurre tanto por la limitada reglamentación al respecto, como por problemas constructivos que generan vulnerabilidades que sólo se harán presentes al suceder el siniestro.
Nuestra normativa, básicamente la Ordenanza General de Urbanismo y Construcciones, fue ajustada tras el incendio de la Torre Santa María en 1981, para incorporar dentro de ella, el concepto de edificio de altura (de siete o más pisos), y para el cual se establecieron diversos requerimientos, incluyendo sistemas de evacuación y combate de incendios. Pero poco se dice de los de menos de siete pisos, cuyas exigencias por tanto son mínimas y su indefensión mayor.
Por otra parte, en unos y otros, es usual encontrar escaleras de emergencia con puertas que no son resistentes al fuego, ductos de servicios (shafts) que recorren la totalidad del edificio y sistemas de detección, alarma y combate de incendios insuficientes o sin el mantenimiento adecuado.
Como un aporte para quienes deben tener a su cargo la solución de estas dificultades, indicaremos algunos de los problemas más habituales que encontramos en los condominios o edificios de altura, basados en la experiencia ganada en la revisión de muchos de ellos.
Problemas frecuentes
- Los edificios de menos de siete pisos y los de mayor altura anteriores a 1981, generalmente cuentan con una caja de escaleras abiertas para el uso de sus ocupantes. Esta condición posibilitará el paso por la misma de humos y gases del incendio, formando una verdadera chimenea. Un caso clásico lo constituyen los diversos edificios que integran la llamada Remodelación San Borja, formada por torres de 21 pisos con una escalera central abierta, en cuyo eje se encuentran los ductos de los servicios. En caso de incendio será difícil bajar por esa escalera ya que carecen de sensores de humo y sistemas de alarma. Incluso, los que cuentan con terraza, tienen su acceso con llave, para proteger de otros peligros y evitar su mal uso. El incendio que afectara a una de ellas, un tiempo atrás, demostró elocuentemente su fragilidad.
- Como antes indicáramos, en lobby de ascensores o ejes de pasillos, encontramos ductos de servicios (electricidad, corrientes débiles, gas, basuras, etc.), generalmente abiertos, generando una intercomunicación de los diversos pisos y facilitando por tanto la convección de los humos y gases del incendio a la totalidad de los pisos, impidiendo de paso el acceso a la escalera del edificio, al llenar de humo las vías que llevan a la misma.
Muchos edificios que en su entorno poseen jardines, áreas en desnivel y accesos vehiculares estrechos o mediante losas o rampas cuyo espesor no resiste el peso de un vehículo de bomberos, constituyen una seria limitante cuando se requiere el acercamiento para el uso de las escaleras mecánicas o plataformas hidráulicas ya que pierden altura y efectividad al tener que ubicarse a mayor distancia o en ángulos no apropiados. Un problema adicional lo crean los tendidos eléctricos frente a los edificios, que pueden afectar, retrasar la acción o simplemente impedir el uso de tales equipos.
- La mayoría de los edificios carece de señalética para orientación de la evacuación, tanto de flechas en pasillos que posibiliten seguir la ruta de acceso a la escalera de emergencia, como de la simbología correspondiente en las puertas de la misma, que las identifique como tales. Es de interés destacar que las Normas Chilenas 2111 y 2189 especifican claramente esta materia y su cumplimiento es obligatorio (ver artículo "Señalización para la Seguridad" publicado en revista del mes de mayo de 2003).
- Es exigencia de la Ordenanza, que todo edificio de siete o más pisos y los de menos altura con superficies de más de 3.000 m2, deben tener un sistema de detección (sensores de humo) y alarma. Los edificios de menos de siete pisos, generalmente, carecen de ellos y los de mayor altura cuentan, comúnmente, con uno solo ubicado en el lobby junto al ascensor, lo que resulta insuficiente en caso de un incendio, ya que los humos y gases de la unidad afectada, deben llegar hasta ese sector para recién activarlo, lo que implica tener ya los pasillos llenos de humo.
- Es usual encontrar sistemas pulsadores manuales de alarma (cajitas rojas colocadas en los muros cuyo objetivo es ser activadas por cualquier persona que detecte el incendio), donde la mayoría de ellos tiene sus instrucciones en idioma extranjero, lo que limita su eficiente empleo.
- Los edificios de altura, de acuerdo a la normativa vigente, deben tener tanto una red seca para el uso de bomberos (cañería vacía que es llenada con agua por bomberos en el momento necesario) y una red húmeda, integrada por un carrete con una manguera enrollada, conectada a la red de agua del edificio. Esta última, normalmente, carece de una bomba que le genere la presión necesaria y por estar ubicada en los pasillos, al desplegarla entorpece el proceso de evacuación que por ellos se está efectuando y que debe ser prioritario. En edificios anteriores a 1981, generalmente, sólo se cuenta con una dotación de extintores y en cantidades insuficientes. Como elemento anecdótico cabe señalar que el acceso a la red seca, normalmente ubicado en un área de jardines, es común encontrarlo obstruido por plantas flores y otros elementos que la ocultan, en circunstancias que debería ser fácil y rápidamente ubicable por bomberos.
Es habitual encontrar en la parte exterior de los departamentos, modificaciones efectuadas al diseño original, al prolongar las habitaciones hasta el balcón, o mediante la colocación de persianas de material altamente combustible. Unos y otros posibilitarán la propagación exterior de un fuego a lo largo de varios pisos.
- La mayoría de los edificios carecen de un grupo generador de emergencia, para el caso de cortes de electricidad. Es sabido que una de las primeras medidas de seguridad frente a un incendio es precisamente cortar el suministro eléctrico. Dado que las bombas de agua del inmueble son eléctricas, al carecer de energía no podrán alimentar la red húmeda y no habrá presión para enfrentar el siniestro potencial. Esta falta será igualmente una limitante en el proceso de evacuación del edificio ya que debería alimentar la iluminación de pasillos y escalera.
Analizados los principales problemas presentes en nuestro medio, comentaremos como ellos influyen en caso de un incendio, para mejor comprender la necesidad de adoptar anticipadamente las medidas preventivas adecuadas.
Niños jugando con fósforos bajo una cama con colchón de espuma es una abierta invitación al desastre si consideramos que la espuma (poliuretano) es un derivado del petróleo y arde con fuego intenso y humos densos y tóxicos. Debemos tener presente que este elemento está también presente en muchos otros elementos del hogar como sillas y sillones.
Los electrodomésticos con carcasa y partes de plástico generan un riesgo adicional al igual que la gran cantidad de cableado eléctrico revestido en PVC, producto altamente tóxico cuyos humos limitan la visión y el sentido de orientación. El incendio que afectara la instalación eléctrica a un supermercado de Providencia, hace un par de años, provocó serios trastornos a las personas sólo por principio de asfixia ya que el fuego propiamente tal, pasó más bien inadvertido.
Como señalábamos anteriormente la carencia o inadecuada ubicación de los sensores de humo puede provocar que cuando la gente salga de su departamento se encuentre con el pasillo lleno de humos y gases tóxicos y que la evacuación no pueda efectuarse. Debido a ello, en legislaciones más avanzadas que la nuestra, el uso de sensores de humo es obligatorio en cada hogar, como ocurre en Dinamarca.
Está claro que el elemento de mayor riesgo en un incendio no es el fuego, sino sus humos y gases tóxicos, que desplazándose a gran velocidad (hasta 3 metros por segundo), invadirán todo el edificio, impidiendo la evacuación de sus ocupantes.
Enseñanzas de acontecimientos recientes
Debido a que el concepto de condominio contempla en la mayoría de los casos la edificación en altura, los riesgos son mayores y la lógica impone la adopción de estrictas precauciones; de ahí que el criterio utilizado por la Psicoprevención sea la exageración.
Los conserjes o mayordomos de edificios y condominios son, por lo general, los primeros en imponerse de alguna emergencia. De ahí surge la necesidad de que éstos se encuentren preparados para estos eventos. Sin embargo, nada lograrán si la comunidad no está consciente del problema y no se organiza de modo de poder responder a una evacuación rápida y segura en casos de amenaza a su integridad.
Frente a estas situaciones, se altera la consciencia de las personas, y uno puede observar en ellas a personas bloqueadas, o que realizan actos inútiles al emprender iniciativas ilógicas, anodinas y, lo que es más grave, peligrosas.
Normalmente después de verse enfrentados a estos casos de emergencia, la comunidad y la administración actualizan el tema y la reacción inmediata es la de dramatizar situaciones, ante las que surgen ideas fantásticas y soluciones mágicas que, al poco tiempo de haberlas incorporado en un plan de emergencia, terminan en un archivador y pasan al olvido.
La elaboración de un plan de emergencia y su aplicación en edificios y condominios hoy es una obligación. La ley 19.537 de Condominios o Copropiedad Inmobiliaria, promulgada en Diciembre de 1997, dispone en su artículo 36 que todo condominio deberá tener un Plan de Emergencia ante Siniestros (P.E.S.), como incendios, terremotos, inundaciones y semejantes, que incluya medidas para tomar, antes durante y después del siniestro, con especial énfasis en la evacuación durante los incendios. La confección de este plan es un deber del Comité de Administración. Asimismo, la responsabilidad de la evaluación y aplicación de las medidas de seguridad contempladas en el P.E.S., recaen en el administrador (Art. 26 del reglamento de la Ley 19.537).
CADENA DE ERRORES
Siempre la teoría debe ser aplicable en la práctica. Este ejercicio posibilita no sólo tomar consciencia de que estamos expuestos al riesgo, sino también a detectar sus falencias y corregirlas. Pero la ventaja más importante, es que permite familiarizarse con las situaciones de emergencia, y el día que nos corresponda enfrentar una verdadera, nuestra reacción será la adecuada. Recordemos que en tiempos de paz, de tranquilidad y de indiferencia orgánica - como la llaman los biólogos - nuestro comportamiento está determinado principalmente por el hemisferio izquierdo del cerebro, que es lógico, racional y ordenado.
Así por ejemplo, si en este instante usted se pregunta, cuando salga del living o dormitorio ¿por donde lo voy a hacer?, su hemisferio izquierdo responderá: "por la puerta"; pero si se produce una emergencia, su conducta será gobernada principalmente por el hemisferio derecho de su cerebro, que es eminentemente emocional y, tal vez, usted salga por la ventana.
Calma
Es indispensable para actuar reflexivamente. Esto nos permite ponderar la magnitud de la emergencia y determinar prioridades al momento de ejecutar acciones.
Rapidez
Este es un concepto muy importante que se debe inculcar a la comunidad en caso de evacuación, ya que en caso de siniestro, el tiempo está en nuestra contra. No obstante lo anterior, hay que distinguir entre rapidez y precipitación. La primera es efectiva, consciente y ponderada. La segunda es irreflexiva, inconsciente y peligrosa.
Claridad
Fundamental en emergencias es la metodología arterioesclerótica, que consiste en repetir, repetir y repetir para no olvidar detalles. Esto es aplicable cuando se proporcionan antecedentes a Carabineros o Bomberos para que acudan al lugar siniestrado.
El nerviosismo a veces traiciona la consciencia, por lo que es básico - a la hora de proporcionar coordenadas e información - repetir varias veces estos datos hasta comprobar que el interlocutor escuchó y entendió lo que usted quiso decir. En todo caso, este concepto debe ser aplicado por Carabineros y Bomberos, quienes saben que frente al impacto emocional producido por un siniestro, bien vale preguntar, preguntar y preguntar para verificar la información.
Es muy importante la elaboración de un plan de emergencia y la implementación de equipos y dispositivos de seguridad, que frente a un siniestro mantengan en funcionamiento los suministros básicos: agua e iluminación de emergencia, entre otros. Pero tanto, o más aún, es primordial la capacitación, centrada en la habilidad de respuesta de las personas frente a una emergencia y en el control del tiempo que se requiere para la evacuación hacia una zona de seguridad, ya que los esfuerzos de gestión tendiente a la elaboración del plan y a la adquisición de implementos de seguridad serán ineficaces, si la comunidad no reacciona adecuadamente para utilizar bien estos recursos.
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